sábado, 24 de enero de 2009

::descripción::


Nos sentamos juntos pero aislados. Desconocidos. Hace calor. Es claustrofóbico. Giro el botón para el aire. Miro para afuera de la ventanilla, hacia la distancia, a las montañas que pronto se van a desaparecer. Hago una pausa para reflexionar en todo lo que estoy dejando aquí. La familia. Los amigos. Mi vida. El hombre sentado al lado está vestido de traje. Escueto. Siempre me da un poco de placer imaginar de qué están pensado las otras personas en los aviones. ¿A dónde van?, ¿vienen o se van?, ¿por qué? El hombre suspira mientras le echa una ojeada a su reloj. Nosotros dos estamos impacientes para empezar este viaje. Miro afuera, al sol que está cayendo en la distancia y el avión empieza a mover por la pista. Me echo hacia atrás en el asiento y cierro los ojos. ¡Lista! Mi mente no puede dejar de pensar en las cuestiones innumerables que anticipo de este viaje. ¿Cómo será mi familia? ¿Qué clase de personas voy a conocer? ¿Cómo será España? Tengo un montón de preguntas circulando alrededor en la cabeza.

La voz del auxiliar del vuelo se oye por el interfono, interrumpiendo mis pensamientos, y pronuncia las palabras bien conocidas: ‘Hola y bienvenidos a United Airlines…’ Desde entonces, habla de las reglas para la seguridad mientras que los pasajeros le ignoran diligentemente. Abro mi libro de frases coloquiales en español y intento estudiar pero no puedo parar los pensamientos que me están gritando, ‘¡ya es hora!’ Lo cierro. Un bebé empieza a llorar mientras el avión gira hacia la pista. Paramos. Respiro.

Miro por la ventanilla una vez más a las montañas y al aeropuerto que no voy a ver por cinco meses más. Pienso en mis padres, regresando a casa sin su hija. Imagino la cara de mi mamá, sombría y puedo oír las palabras de mi papá diciendo que no se debe preocupar por mi. Intento no pensar en esa imagen. Respiro hondo y al final digo ‘adiós’ a todo lo que conozco en América y espero la llegada en Europa. La oportunidad de mi vida.